21 enero 2012

Mente asombrosa, mente inmortal


Esta diminuta y magnífica criatura que cargo entre mis manos, lleva el nombre de Valentino Altamirano Sandoval. Algunas personas le llaman Tino lo cual nunca me gustó y no me acostumbro y otros como yo simplemente Valentino. Es el último de 4 pequeños hermanos y como todo hermano menor, el consentido de la familia. Ya ha pasado tanto tiempo y aun parece que el maravilloso lunes 6 de abril del 2009 hubiese sido ayer.
Ahora comprendo la expresión nostálgica en el rostro encantado de algunos padres, abuelos, tíos cuando ven que el pequeño que conocían desde que le enseñaban a caminar, esta dejando de ser pequeño. Actualmente, a pesar de que en su exitoso tercer año me haya distanciado un buen tiempo por nefastos motivos de fuerza mayor, aún reconoce mi extraño rostro y siempre me recibe con una gran afectividad.

Este estupendo niño, tan alegre, noble y por qué no, travieso -como todo chico- está viviendo una infancia que muchos de nosotros en los míticos 90s jamás hubiésemos tenido. Le espera un Perú lleno de oportunidades que deberá aprovechar y estoy seguro que podrá adaptarse sin alguna dificultad.
A sus 2 célebres años, apenas podía pronunciar algunos vocablos o inventaba sus propias pseudopalabras y todos teníamos que entenderle de alguna u otra manera. Cuando caminaba, los pasos asimétricos que daba, avanzaban conforme saciara el deseo del espíritu indagador del pequeño Valentino, o bien se tumbase exhausto sobre algún cómodo sillón luego de su travesía.

El singular arreglo que llevaba ese entonces en su aún escaso cabello, conserva su origen en las influencias rocanroleras y rebeldes -rebelde en el buen sentido de la palabra- que caracterizan a su Padre. Unos meses después, Valentino ya contaba con una gran melena, la cual acentuaba su pequeño rostro. Luego sufrió algunas cuantas mutaciones hasta que le toco entrar al colegio y tuvo que decirle adiós al look anarco-punk que llevaba como peinado y saludar al clásico estilo honguito.

Mi pequeño primo Valentino en algún momento dejará de ser pequeño, y esta vez he jurado solemnemente por Dios, la plata y la constitución del 79, no perderme esa etapa.

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