13 julio 2012

Musa


Los ojos de la noche contemplaban la escena,
la luna bañaba su piel de seda.
Siendo el aire que respira,
su indecencia y perdición,
recorro sus costas;
mientras gemidos melodiosos
me asesinan lenta y sutilmente.

Siento los espasmos de sus labios,
me embriagan de placer,
se apodera de mis sentidos,
se apodera de mis cánticos, 
de mi sistema somatosensorial.

Su piel es el universo en mis manos;
sus arcos una marea de fuego;
su mirada el ocaso.
Descabellado sería,
abandonar la conspiración con ella.

Sus besos saben a edén,
empero arden como el averno;
arde su cuerpo, arde el cielo.
Mi libido escala niveles enigmáticos
y solo anhelo libar el néctar de su cuello;
mientras, soy acechado
por sus infinitos y brillantes soles.

Este minuto, mis labios visten su desnuda piel,
su flujo acelera;
incrementan mis palpitos cardíacos,
su alma se mete en la mía,
aprieta mis manos,
y como un río que desemboca,
consigue su liberación cósmica.

Esta noche somos cómplices,
somos magia y eternidad;
somos amor.
Amor forjado en un solo ser.

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