26 julio 2012

Andrómaca

Juntemos nuestros astros para formar lo etéreo,
porque cuando percibo su energía no existe inalcanzable,
se dibuja el sol en su mirada y fascinado la contemplo.

Está observándome desde la cima
así hurto cada uno de sus respiros,
perpetrados en cada movimiento
de aquella mujer que se aproxima.

Ahora que soy dueño de su espina
he reclamado al sultán de sus deseos,
y nos volvemos tan eternos;
mientras su silueta danza
al compás de la lascivia.

Asesíname las veces que sean necesarias
en aquél ritual pasional y furtivo,
donde el pavor ha perecido
entre tus celestes manos,
a las cuales me he sumido.

Ámame sin piedad que el tiempo es humo,
te invito a seguirme en un viaje a lo prohibido,
que en este aterrizaje, con tu aroma me perfumo.

18 julio 2012

Hedonismo puro

Aquella noche insomne, de garúa, y cargada de elevadas dosis de cafeína, sentí un frío súbito; que vertiginosamente recorría y se hacía de todo mi cuerpo. Fue un evento inesperado y a la vez extraño, ya que, nunca -o casi nunca- suelo tener frío.
Dubitativo, caminé hacia mi cuarto, busqué en el armario y me protegí cual armadura medieval con dos casacas. Una vez sentado frente al ordenador, aquél frío insidioso se había esfumado. Huyó. Fue abatido por el placentero y a la vez incómodo calor que mi cuerpo había adoptado gracias a esa casaca roja deportiva y otra enorme de un grosor nivel astronauta; en un instante de exquisito silencio, fui invadido por un sentimiento de júbilo inexplicable pero comprensible, por cómo aquel teléfono cuasi averiado, estrepitoso, inmaculado, sin identificador de llamadas, tan vintage, situado en el seno de la sala, había dejado de sonar. Había dejado de perpetrar tal exasperante ruido altamente nocivo para mis oídos, paciencia lo que queda de ella y salud mental.

Estaba hostigado de ese ringtone estilo Tango 300 amplificado a unos diez mil de decibeles en mis tímpanos, que si bien se oía en todo el edificio al contestar, del otro lado de la bocina, estaba mi madre preguntando cómo estuvo mi día, una señorita cobrando el mes pasado del paquete Movistar, una señora que siempre se equivocaba al marcar el número o quién sabe quizá era de la CIA o algún miembro del Opus Dei y urdía una siniestra emboscada contra mi persona, alguna de las no tan distintas amigas de mi hermana, un extraño haciéndome interrogantes fuera de lugar, mi vehemente ex novia, una grabadora sentenciando la fecha del corte de la linea, un hombrecillo vocinglero y bastante pesado, ofreciendo promociones de Movistar; para mí eran conversaciones triviales, vanas, inútiles, incómodas, que carecían de contexto y en ciertas ocasiones tomaba la errónea decisión de no contestar. Errónea porque luego tenía que soportar el ruido estridente del condenado aparato.

Empecé a detestarlo, al punto de cambiar de número y reemplazar el "clásico" equipo por uno más actual, porque no soy partidario de la telefonía, no disfruto que me llamen. Prefiero el clásico mensaje de texto, un mail o mucho mejor el diálogo en persona. 
Sí, aquella noche al divisar el teléfono inalámbrico tan sosegado, silencioso, petrificado, exclusivo, estaba en mi momento de gloria; sin embargo, me ponía a pensar qué tan insano era haberme quedado el resto del día leyendo una infinidad de libros virtuales sin dormir, comer -exceptuando lo básico-, o tener contacto alguno con seres de mi misma especie de la puerta hacia afuera. Y el tema está en que al llegar a casa, soy seducido por la literatura y sometido por una pereza apoteósica que, luego de una refriega interna con mis derrotadas convicciones, me conduce a hacer uso de algunas redes sociales.


Sentí un Déjà vu.

13 julio 2012

Musa


Los ojos de la noche contemplaban la escena,
la luna bañaba su piel de seda.
Siendo el aire que respira,
su indecencia y perdición,
recorro sus costas;
mientras gemidos melodiosos
me asesinan lenta y sutilmente.

Siento los espasmos de sus labios,
me embriagan de placer,
se apodera de mis sentidos,
se apodera de mis cánticos, 
de mi sistema somatosensorial.

Su piel es el universo en mis manos;
sus arcos una marea de fuego;
su mirada el ocaso.
Descabellado sería,
abandonar la conspiración con ella.

Sus besos saben a edén,
empero arden como el averno;
arde su cuerpo, arde el cielo.
Mi libido escala niveles enigmáticos
y solo anhelo libar el néctar de su cuello;
mientras, soy acechado
por sus infinitos y brillantes soles.

Este minuto, mis labios visten su desnuda piel,
su flujo acelera;
incrementan mis palpitos cardíacos,
su alma se mete en la mía,
aprieta mis manos,
y como un río que desemboca,
consigue su liberación cósmica.

Esta noche somos cómplices,
somos magia y eternidad;
somos amor.
Amor forjado en un solo ser.