24 marzo 2013

Silencio

En esos días, difíciles, por así decirlo, en que en los que todo (y todos) se torna misteriosamente tedioso, hostigante e incómodo, uno se entrega casi por completo a la responsabilidad y se sumerge en decenas de libros y demás deberes académicos. O por lo menos lo intenta; sin embargo, había olvidado por completo lo confortable para el alma, el cerebro y la propia paz interior, el perpetrar melodías con una guitarra y escribir intentos de poesía una y otra vez hasta eliminar ese gesto adusto del rostro. Pienso que también sería bueno echar una siesta de vez en cuando, pues, llega un día en el que logras concebir el sueño y al levantarse uno ya se siente otra persona; una nueva, claro, y no el estropajo e intento de ser humano que fuiste la semana pasada por no haberlo hecho. Ahora, en principio, el problema esencial aquí, es que la guitarra acústica que uso sólo es prestada y el tiempo y ánimos no me son propicios como para darme el lujo de ir hasta 2 de Mayo o Miraflores por la Ibanez acústica a la que ya le he echado el ojo hace meses. No tenía previsto hacer un nuevo post, pero vamos, que esto de transformar la eyaculación de tu cerebro en letras sobre un papel es algo sumamente espontáneo y nunca dejará de ser confortante. En fin, uno continuará buscando paz y sosiego en los libros, la música y, por supuesto, la poesía cuando las circunstancias que le rodean no le son favorables.

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